Los cajones revueltos de tickets de
algunas tardes de cine, piezas perdidas de un puzle a medio hacer, trozos de
papel de un regalo, púas de una guitarra que no se tocar y botellines de
cerveza vacíos forman el espejismo de cuanto queda.
¿Guardáis alguno de estos tesoros
en algún sitio? Yo también los guardo en la cabeza, de forma confusa y más
desordenada aún, como en la casa de un enfermo de diógenes en la que no puedes
pasar por la acumulación de objetos, en tu cabeza ya casi no cabe nueva
información.
Hay drogas y adicciones que afectan
a los recuerdos, pero ¿QUÉ SUCEDE CUANDO TU ADICCIÓN SON LOS RECUERDOS?
Es una
pasada como funciona la memoria, puedes recordar con nitidez momentos, escuchar
una canción que no está sonando y recordar palabras con un timbre exacto que
nadie está pronunciando. Algo que no está pasando, de repente hace que sonrías,
que explotes a carcajadas, que se te empañen los ojos y que sientas como
ardes por dentro.
Tener recuerdos no es malo, son un
manual de lecciones que todos escribimos, pero sí es malo aferrarse demasiado a ellos y que no puedas parar de resucitarlos. Al pasado, a los muertos y a quien no te
quiso hay que dejarlos ir en paz.
Un adicto a los recuerdos, jamás
deja marchar su pasado, quiere sentir el chute que le da aquel beso de despedida
que nadie le está dando, es incapaz de dejar de recorrer el mismo cuerpo
desnudo que ya no está, de hacerse las mismas preguntas sin respuestas y de llorar pérdidas de las que nadie es culpable. Tiene bajones y se castiga con noches de insomnio, los
malos recuerdos van a demasiadas revoluciones como para
conciliar el sueño…Llega un momento en que sin darte cuenta, esas vivencias aparecen descontroladamente y se reencarnan en todo lo
que te rodea.
Todo es difícil, cualquier cosa te
trae un recuerdo, aunque nada tengan que ver. En fases avanzadas, si faltan
recuerdos, los sueñas de forma tan real, que casi son indistinguibles de la
realidad. Sabes que la gente que te quiere no puede escuchar eternamente tus
viejas batallas, ni les gusta ver tantas veces tus cicatrices, sin darte
cuenta, te conviertes en una persona que deja de aportar algo…Con lo que tú
valías.
La adicción a los recuerdos es una
pérdida de reflejos progresiva, que te hace más estúpido cada vez. Nadie puede
AVANZAR con una mochila a cuestas, que cada vez pesa más. No hay lugar para el
futuro en la mente de quien no quiere soltar su pasado.
Tanto si se toca fondo, como si no,
nunca está mal que revisemos esos cajones. Pues siendo honestos, tan sólo es un
acto de cobardía, conformarse con lo vivido y negarse a vivir. No suicides así
tu mente, que es lo más valioso que tienes. Sal a la vida y se artista y
creador de NUEVOS PRESENTES.
Proyecta toda tu adrenalina en muchos futuros y
deja los recuerdos para facebook, que te recordará que tal día como hoy,
estabas viviendo y no cayendo en espiral.
Tan sólo deja los que
cuiden de ti, los que te hagan sonreír cuando lo necesites, los que te digan quien quieres ser y que te sirvan de ayuda
o para ayudar.



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