martes, 1 de diciembre de 2015

Whatsapperos Anónimos

¿Habeís visto el corto sobre el Whatsapp y las parejas? Toda exageración se queda corta con la realidad...y eso que ahora ya puedes ocultar las horas de conexión y otras "pistas"... Este es el enlace por si alguien quiere. https://www.youtube.com/watch?v=D5zaF61DeJQ

Pero no hace falta que padezcamos las consecuencias del whatsappismo sólo en pareja y es que los solteros no estamos tampoco a salvo de la locura colectiva que ha desatado la aplicación. En el blog de las adicciones, hoy hablamos de una nueva adicción el Whatsapp.




 Y no lo digo yo, que también soy una yonky digital,ya hay estudios que advierten de una inferencia grave en nuestra vida cotidiana por el mal uso, desinterés por la vida real e incluso cambios a nivel neurológico. Mirando un poco por internet se puede consultar varias noticias y hasta "test" de ¿cómo saber si soy adicto al Whatsapp? Del que yo quiero hacer mi particular test:

¿Alguna vez has tenido ganas de no conectarte, pero aun asi no has podido dejar de hacerlo? ¿Te crea ansiedad esperar recibir un mensaje o tener que contestarlos?¿Mandarías a tomar por el culo tu teléfono en más de una ocasión?¿Cuando te sientes solo escribes a todo el mundo y desesperas esperando respuesta?¿Si te quedas sin batería es una tragedia?

Como otras drogas que se ponen de moda, al principio es divertida, en el caso de whatsapp económica de momento, además nos proporciona placer, pues nos hace sentirnos acompañados o parte de un grupo, aunque en realidad esto no sea del todo cierto. 

No nos vamos a engañar, ha sido un gran invento, su fin que es comunicarnos fácilmente lo cumple a la perfección y sería un invento perfecto de no ser por su mal uso. Aun no hay una Asociación de Whastapperos Anónimos en la que pueda decir:

-Hola, mi nombre es Laura y soy adicta al Whatsapp.



Todo empezó, cuando mis amigos lo empezaron a tener, decían que era gratis y que todo el mundo lo tenía, que por qué no me lo pillaba. Había también un chaval que me gustaba y que me lo había pedido...así que pensé, pues ¿por qué no?

Fue muy divertido, podía contactar con todos mis amigos al instante, pasarles fotos, vídeos e incluso audios reales. Teníamos grupos en los que podíamos hablar todos a la vez y al principio era muy fácil ponerse de acuerdo para quedar y hacer planes. A la misma vez el chico que me gustaba, no quedaba mucho conmigo, ni solíamos salir demasiado, pero todos los días podíamos hablar por mensajes y mandarnos besos con corazones. Había veces en que el móvil sonaba y el corazón se me desbordaba, las pupilas se me dilataban y sentía felicidad y euforia cuando en la pantalla aparecía su nombre. Parecía que nos conocíamos de mucho antes, era como si escuchara cada “jajaja” y sintiera cada emoticono como real.

Pasaron los años, y a mis amigos cada vez les veía menos...ya sabéis, nos hicimos mayores, el trabajo, las parejas, planes de bodas y responsabilidades. Pero en el Whatsapp todos seguíamos en línea, aunque ya era muy difícil hacer planes y nadie en el grupo nos poníamos de acuerdo, ya sólo pasábamos fotos chistosas y competíamos por un poco de atención.

Aquel chico que me gustaba, ya no se acordaba tanto de mí, dejó de contestarme algunas veces y empezó a escribirme sólo de madrugada algunos fines de semana. Cuándo nos veíamos apenas me saludaba o teníamos relación. Me sentía transparente para él.

Pese a todo, no podía dejar de tener aquella ansiedad de no saber cuándo iba a tener noticias de él, de mirar su última hora de conexión..Como si por ello, pudiera averiguar como estaba o algún detalle de su vida....  Esa ansiedad también persistía con mis amigos, con los que notaba que se iba desgastando la relación, apenas nos escribíamos para ver como estábamos. Prácticamente ya sólo tenía mensajes de tipos intransigentes a los que una noche de borrachera di mi número “ya no te acuerdas de mi” “pasas de mi?” “ehhhhh por qué no contestas”…Llegué a sentirme culpable de no contestar y a agobiarme. ¿De que sentía culpa? Era una especie de miedo a la soledad.



“So lonely” como dice la canción de The Police o lo que es lo mismo, sola entre mucha gente, (en este caso sola entre muchos “contactos”) es como me llegué a sentir. Hasta que decidí que DESINSTALAR WHATSAPP no era irreversible, podía dejar pasar un tiempo prudencial para sentirme más fuerte emocionalmente y aprender a usarlo mejor. No os voy a engañar, es el SEGUNDO día sin whatsapp y tengo mono…Mono como cuando me quité de fumar. ¿Por qué tal síndrome de abstinencia si sólo son mensajes? Y es que hasta que no lo desinstalas no eres consciente de lo que DEPENDES de él.

La reacción de la gente, también me sorprendió, antes de quitármelo definitivamente, envié un mensaje a algunos de mis contactos avisándoles de mi decisión. Y hubo quien me llamó “tonta” , ”loca” , “que nadie se iba a acordar de mí”,  “A ver lo que duras…” “que por qué no bloqueaba a ciertos contactos en lugar de desinstalar”…¿Qué pasa?¿Tan grave e imposible es desinstalar y luego instalar una aplicación? Quizás vaya a ser que es algo más adictivo que una aplicación.


Supongo, que la mayoría de las personas tienen whatsapp. Yo vivo con algunos inconvenientes maravillosos desde que no lo tengo y es que se han acordado de mí pocos, pero esos pocos se que les importo un poquito más. Ya no recibo mensajes a todas horas, y por eso aprovecho más horas de trabajo y descanso, ya no tengo mensajes de madrugada…pero tampoco tengo llamadas o mensajes suyos a buenas horas. 

Y es que una llamada o un momento valen más que mil whatsapp…



No hay comentarios:

Publicar un comentario